 MAYTE MÉNDEZ Un oasis para el alma
No hay distancias. No hay prisas. No hay agendas, ni nervios, ni ruidos. Se diría incluso que allí uno se puede aproximar al concepto de paz, pese a que el mundo siga vomitando sus batallas diarias más allá de esta frontera artificial. Y es que cuando se accede al pequeño microcosmos que es el Festival Atlántico Sonoro pisamos una especie de alfombra verde que nos da la bienvenida en medio de la naturaleza a un hogar para la calma. Por eso, hablar, escribir y recordar lo que fue, es y será este encuentro supone vestir las palabras con un manto de sensaciones. Por eso, volver a ese rincón de La Gomera para dar vida a un fragmento de este libro es como volver a sumergirse en un oasis para el alma. |
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RAQUEL ARTEAGA Una embriagadora propuesta Un paraíso donde confluyen todos los sentidos, donde la paz interior se hace presente, y en donde las sensaciones parecen recobrar su naturaleza. De esta manera podría describir la experiencia vivida en el Festival Atlántico Sonoro, que desde hace unos años, con tesón y esfuerzo, se viene celebrando en la isla de La Gomera. La propuesta de las terapias relacionadas con el bienestar, y la envolvente ‘excusa’ sonora diseñada alrededor de los trazos más delicados, de lo que se hace llamar una ‘sinergia perfecta’, han dado como resultado una embriagadora propuesta que desprende una fragancia melódica. Un esplendoroso arco iris de estímulos y sensaciones sonoras, sugerentes y atractivas, cuyos destellos revolotean sinuosamente entre maleables y evocadoras armonías. |
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 FERNANDO MENIS Jardín Botánico del Descubrimiento de Vallehermoso
La experiencia de construir el Jardín Botánico del Descubrimiento, en Vallehermoso, estará siempre impregnada para mí de la sensación de habitar temporalmente en un remanso de paz. Durante la última fase de su ejecución, fueron numerosas las ocasiones en que tuve que pernoctar allí, pues entonces la escasa frecuencia del transporte no permitía asistir a la ejecución de las obras con la agilidad de hoy en día. Aquellas visitas periódicas desde Tenerife me ofrecieron la posibilidad de degustar la experiencia de viajar a La Gomera, de entrar en contacto con sus gentes y con el lento discurrir del tiempo que caracteriza la isla. A menudo regresaba de mi pequeño retiro en Vallehermoso cargado de dulces, plátanos, berros y amistades, como la que caracterizó la inestimable colaboración con Rafael Hernández, aparejador del proyecto. |
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 CRISTINA ALCAINE Sucedió un verano de hace cinco años. Recibí una invitación para asistir a Atlántico Sonoro. Y pregunté. ¿De qué va? Música, masajes, terapias alternativas. Nunca antes había recibido una convocatoria parecida. Pero acepté. A ciegas y sin condiciones. Y desde el primer momento, cuando la guagua avanzaba por las intrincadas carreteras de la Gomera supe que no me iba a arrepentir. Allí estaba. El Jardín Botánico de Vallehermoso se reveló como un auténtico Jardín de las Delicias. Un atractivo paraíso de arquitectura vegetal abierto al cielo de aquel lugar de la isla. Un lugar plagado de rincones secretos. De árboles y plantas que viajaron hacia o desde America. |
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